
La pregunta que más asusta al vecino del Zaidín o de la Chana es si debe tirar sus radiadores de hierro fundido. La respuesta no es un sí ni un no rotundo, sino el resultado de medir qué calor entrega cada emisor con agua templada. Esos bloques de los sesenta se diseñaron para funcionar con impulsión a 70 u 80 grados; sin embargo, la aerotermia rinde mejor y consume menos trabajando entre 45 y 50.
Un instalador realiza una comprobación de emisión estancia por estancia antes de decidir nada. Si el radiador actual pierde mucha potencia con esa bajada de temperatura, toca sustituirlo o añadir unidades. Pero en muchos casos, los emisores existentes aguantan el tipo perfectamente, ahorrando obra y polvo. En Guadix, donde el frío seco del Altiplano aprieta de noviembre a marzo, esta precisión evita sobredimensionar la máquina aire-agua y garantiza el confort real sin derrochar energía.
Qué cambia cuando el agua llega a 45 grados en vez de a 80
La cantidad de calor que suelta un radiador depende de la diferencia entre la temperatura del agua que circula por dentro y la del aire de la habitación. Al bajar la impulsión, esa brecha se estrecha y el rendimiento cae en picado. Un emisor clásico de hierro fundido, muy habitual en los bloques de los años sesenta del Zaidín o la Chana, estaba calculado para trabajar con agua a 70 u 80 grados. Si le envías solo 45, entrega mucha menos potencia de la necesaria.
Aquí entra la lógica de la bomba de calor aire-agua: cuanto más baja sea la temperatura de salida, mejor funciona el equipo y menor es el consumo eléctrico. Por eso no vale con cambiar solo la caldera. En viviendas recientes de Bola de Oro, donde ya hay suelo radiante, la adaptación es directa porque ese sistema pide impulsiones templadas. Pero en casas antiguas con radiadores pequeños hay que revisar estancia por estancia si hace falta ampliarlos o sustituirlos por modelos de baja temperatura.
Cómo se comprueba la emisión estancia por estancia
El cálculo no es un tanteo global, sino una comparación detallada: se mide qué potencia necesita cada habitación para alcanzar la temperatura de diseño y se contrasta con lo que su emisor puede entregar realmente a esa temperatura. De este análisis sale el diagnóstico exacto de qué estancias van sobradas de capacidad y cuáles se quedan cortas, permitiendo ajustar el circuito antes de cerrar la instalación.
La peor parada suele ser la habitación exterior mal orientada, especialmente en la Vega de Granada, donde las heladas matinales de diciembre a febrero castigan los muros con poca inercia térmica. En viviendas de los años sesenta del Zaidín o Cartuja, equipadas con radiadores antiguos pensados para agua muy caliente, la caída de rendimiento al trabajar con impulsión templada hace que estos espacios pierdan confort rápidamente. Las empresas instaladoras revisan esta brecha técnica para dimensionar correctamente y evitar zonas frías persistentes.
Ampliar dos radiadores frente a cambiar la instalación entera
La vía más común en Granada es mantener el circuito de tuberías existente y añadir dos radiadores nuevos donde antes no llegaba el calor. Así se aprovecha la instalación vieja, que suele estar bien dimensionada para agua muy caliente, y solo se interviene puntualmente. Esta decisión abarata mucho la obra frente a rehacer todo desde cero, porque se ahorran días de picado, reposición de pavimentos y horas de mano de obra en zonas ya preparadas.
El presupuesto refleja esa estrategia: el coste principal está en la unidad exterior y los nuevos emisores, no en una red completa nueva. En viviendas del Zaidín o Cartuja, por ejemplo, los radiadores antiguos necesitan más superficie si baja la temperatura del agua, pero no hace falta tocar las cañerías de toda la casa. Los instaladores de la provincia evalúan esta mezcla técnica durante la visita, ajustando qué tramos conservar y cuáles ampliar según la cota y el frío real de cada zona.
Cuándo compensa pasar a fancoil en una vivienda de la Vega
En la Vega de Granada, donde los veranos aprietan fuerte y las noches bajan unos grados justo cuando el sol se va, un fancoil cambia el ritmo del día. Su principal ventaja es la rapidez: al trabajar con agua a unos 45 grados, responde casi al instante frente a los radiadores antiguos que necesitan mucha más temperatura para calentar bien una casa de los años sesenta. Lo interesante no es solo quitar la caldera en invierno, sino usar ese mismo circuito para refrescar en julio y agosto, algo que aquí se agradece mucho más que en otras zonas de interior.
Eso sí, hay dos detalles técnicos que conviene tener claros antes de decidir. El primero es el ruido; aunque son equipos silenciosos, si vas a dormir con ellos encendidos o tienes un salón muy abierto, mejor mirar decibelios reales. El segundo es el sitio. En pisos del Zaidín o promociones recientes, encontrar hueco para la unidad sin estropear la estética puede ser complicado. No es lo mismo colocarlos en una vivienda nueva con techo alto que en un bloque antiguo donde cada centímetro cuenta y el espacio disponible condiciona el modelo a instalar.
Circuitos mixtos: suelo radiante abajo y radiadores arriba
En los cascos antiguos de la Alpujarra o en casas del Albaicín con muros gruesos, no siempre se rehabilita todo a la vez. Es habitual que el propietario renueve la planta baja con suelo radiante y deje arriba los radiadores de hierro fundido heredados. La bomba de calor aire-agua trabaja mejor con agua templada, pero esos emisores antiguos estaban calculados para funcionar a 70 u 80 grados. Con agua a 45 grados, emiten mucho menos calor del necesario.
Para resolverlo, las empresas instaladoras de la provincia diseñan circuitos separados. El suelo radiante recibe impulsión entre 30 y 40 grados, mientras que un intercambiador o una válvula mezcladora ajusta la temperatura para los radiadores restantes. Si el cambio es drástico, puede ser preciso sustituir algunos cuerpos por modelos de baja temperatura. Lo importante es verificar la emisión real de cada estancia antes de cerrar la oferta, especialmente si hay carpintería mejorable que aumenta la demanda.
Qué pedir por escrito antes de aceptar un presupuesto con radiadores existentes
Antes de firmar, exige que el documento detalle la temperatura de impulsión prevista para cada circuito. Si conservas radiadores antiguos en bloques de los años sesenta en el Zaidín o la Chana, diseñados para agua muy caliente, debe quedar claro si mantienes ese emisor tal cual o lo amplías. En viviendas excavadas de Guadix o Purullena, donde la inercia del terreno estabiliza la temperatura interior, la demanda es menor, pero el ajuste técnico sigue siendo necesario. El presupuesto debe listar estancia por estancia qué radiadores se quedan igual y cuáles requieren sustitución o ampliación de superficie emisora.
Conviene cerrar quién asume el coste si alguna habitación no alcanza la temperatura durante el primer invierno. La comprobación de emisión se hace piso a piso, especialmente si cambias de gasóleo o butano en la Alpujarra rural o el Poniente disperso, zonas sin red de gas natural. Un radiador de hierro fundido entrega bastante menos con agua templada, así que la garantía sobre el confort térmico debe figurar explícitamente. Las empresas instaladoras de la provincia suelen incluir esta cláusula de revisión tras la primera temporada de frío, ajustando la curva climática o añadiendo elementos si la potencia calculada para el día más frío previsible resulta insuficiente en algún rincón de la casa.